Notas sobre hipertexto, lo que es y lo que no

George Landow decide abrir  el primer capítulo de su influyente obra Hipertexto 3.0 con un elegante ejercicio de hipertextualidad:
Cuando los diseñadores de programas informáticos examinan las páginas de Glas o De la gramatología se encuentran con un Derrida digitalizado e hipertextual; y cuando los teóricos literarios hojean LiteraryMachines se encuentran con un Nelson postestructuralista o deconstrucionista (Landow, 2009, p. 23).
El enunciado inicial de Landow es a la vez una certera expresión de la figura retórica que H. White (2003) tipifica como ironía: subvertir la realidad para mejor explicar la realidad. Inmediatamente, Landow pasa a contextualizar la aparente contradicción: “Estos encuentros chocantes pueden darse porque durante las últimas décadas han ido convergiendo dos campos del saber, aparentemente sin conexión alguna: la teoría de la literatura y el hipertexto informático” (Landow, 2009, p. 23).
Aunque hay quienes defienden que los orígenes de la práctica de hipertextualidad -incluso antes de llegar a recibir dicho nombre, como una suerte de intuición fundada en la imaginación creativa- estarían en la literatura ancestral  (ver Mendoza, 2012), sabemos que la expresión la formuló Theodor H. Nelson por la década de 1960, pensando específicamente en la escritura que empleaba tecnología y lenguajes digitales: “se refiere a un tipo de texto electrónico, a una tecnología informática radicalmente nueva y, al mismo tiempo, a un modo de edición” (Landow, 2009, p. 25).
El hipertexto “implica un texto compuesto por fragmentos de texto -lo que Barthes denomina lexias– y por los enlaces electrónicos que los conectan entre sí” (Landow, 2009, p. 25). O sea, además de consistir en la “inclusión de un texto en otro” -como lo define Borràs (2012, p. 9) de manera amplia, el hipertexto implica el uso de la tecnología digital y el lenguaje binario. A partir del texto digitalmente enlazado, llegamos rápidamente a la noción de hipermedia: “La expresión hipermedia simplemente extiende la noción de texto hipertextual al incluir información visual y sonora, así como la animación y otras formas de información” (Landow, 2009, p. 25).
Mural
Mural de Boa Mistura en Valparaíso.
Landow argumenta que el hipertexto tiene un efecto de expansión de la “lectura activa” que, desde que existe la escritura y, por lo tanto, la lectura, han venido haciendo los lectores, al interpretar y rescribir las obras de sus maestros, como hizo Virgilio con Homero, Dante con Homero y Virgilio o Milton con todos los anteriores (Landow, 2009, p. 29). En esa “lectura activa”, que adopta la forma de una red de interpretaciones y rescrituras, debe estar pensando Borràs cuando sitúa el origen del hipertexto en los albores de la literatura:
“Antes (y después) de que la tecnología digital hiciera uso del hipertexto, la literatura había empleado este recurso para reescribir y fusionar obras o textos previos, para generar nuevas producciones. Aunque, claro está, la literatura (oral y/o escrita) contó solo con las redes que establecía la cognición del lector para conectar los nodos del texto con los archivos de memoria y conocimiento del receptor” (Borràs, 2012, p. 10).
Con el uso de la tecnología y el lenguaje digital, las redes de intertextualidad se enriquecen y ganan en complejidad a partir de la participación activa de lectores anónimos, que, además de todo, pueden ampliar, modificar, transgredir o enlazar los fragmentos de textos en tiempo real:
“Las obras de Internet, sin embargo, aparecen en un contexto muy diferente de aquel en que surgen los libros impresos. Cualquiera que tropiece con cualquiera de estos textos podrá fácilmente encontrarlos ligados a una web personal o comunitaria que contenga biografías del propietario del sitio, explicaciones de su mundo imaginario y listas de enlaces [links] a relatos similares. En otra palabras, el vínculo hace inmediatamente visible la comunidad virtual creada por esos lectores activos (Landow, 2009. p. 32).
¿Qué es el enlace, ese instrumento mágico capaz de crear realidades paralelas o, cuando menos, redes virtuales de reinterpretación en tiempo real? Un enlace es un sistema de “indexación por asociación”, explica Landow (2009, p. 25). Este autor (Landow, 2009, pp. 37-44) categoriza 9 modalidades de enlace:
  1. Enlace unidireccional: se realiza de lexia a lexia.
  2. Enlace bidireccional: dos lexias enlazan con una tercera y es posible rehacer el camino en sentido inverso.
  3. Enlace de hilo: una palabra o frase se enlaza a una lexia completa.
  4. Enlace de hilo a lexia: un hilo se enlaza a una lexia bidireccional.
  5. Enlace unidireccional de hilo a hilo.
  6. Navegación por el hiperespacio.
  7. Enlace de uno a varios.
  8. Enlace de varios a uno.
  9. Enlaces transcritos: “adoptan la forma de limitaciones del enlace electrónico a una clase determinada de relación, tales como ‘ejemplifica’, ‘influencia’, ‘argumento opuesto’, ‘procede de’ (o ‘hijo de’), etc.” (Landow, 2009. p. 44).
¿Y qué forma gráfica adopta el texto que se encuentra cruzado por una o varias de estas estrategias de hipertextualidad? El resultado es una estructura con forma reticular (en red). Esta red no se deriva exclusiva y directamente del uso de los enlaces, sin embargo, sino que es alimentada a partir del rol crecientemente participativo (y en tiempo real, como apuntábamos antes) de los usuarios-lectores-intérpretes-coproductores:
“Ya no estamos hablando tanto del hipertexto entendido como una estructura de documentos interconectados sino de una red de usuarios interactuando entre sí mediatizados por documentos compartidos y dispositivos de comunicación (Scolari, 2008, pp. 92-93).
No estamos hablando sólo del gráfico tridimensional de todos los puntos posibles de entrecruce de textos. Hemos llegado al terreno de la participación. Y el de las mediaciones. ¿Lo reservamos para otro momento?
internet
Imagen: Internet Society: http://www.internetsociety.org/internet.

 


Referencias

Borràs Castanyer, L. (2012). Territorio hipertextual: lectura y enseñanza 2.0. En A. Mendoza (Ed.), Leer hipertextos (pp. 33-52). Barcelona: Octaedro.

Landow, G. P. ( 2009). Hipertexto 3.0: Teoría crítica y nuevos medios en la era de la globalización. Barcelona: Paidós

Mendoza, A. (Ed.) (2012). Leer hipertextos: Del marco hipertextual a la formación del lector literario. Barcelona: Octaedro.

Scolari, C. (2008). Hipermediaciones: Elementos para una teoría de la comunicación digital interactiva. Barcelona: Gedisa.

White, H. (2003). El texto histórico como artefacto literario y otros escritos. Barcelona: Paidós.

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