¿Narrativas convergentes?

Los primeros estudios sobre el contenido de la comunicación mediática contemplaban el mensaje como un producto cerrado. Si algún dinamismo se tenía en cuenta, éste se refería únicamente al proceso de transmisión, que portaba el mensaje desde un punto A hasta un punto B, sorteando los obstáculos o ruido que pudieran aparecer en el camino. Esta era la perspectiva empleada por los modelos matemáticos o informativos de la comunicación, al igual que los primeros enfoques cibernéticos. Posteriormente, los análisis de contenidos continuaron la tradición de entender el mensaje más como producto que como proceso de construcción de sentido. Ese enfoque cambió drásticamente con las diferentes familias de estudios del discurso. Un elemento clave de la construcción del discurso es la narratividad:

Llamaremos narratividad a todo lo que se presenta cada vez que estamos ante concatenaciones y transformaciones de acciones y pasiones (Fabbri, 2000, p. 57).

La definición que hemos heredado de la retórica clásica plantea que estamos en presencia de un relato o narrativa siempre que podamos identificar una secuencia de unos hechos iniciales, que se modifican a lo largo de un cierto lapso y unos hechos finales, que resultan de dichas modificaciones. El otro elemento del relato es el agente: un actor (individual o colectivo) que impulsa la producción del cambio.

Hacia las últimas décadas del siglo XX se popularizó el rechazo a las metanarrativas, con lo cual se quería denunciar a los grandes relatos ideológicos, sustentados en una aplicación intencionada de una cierta racionalidad. El uso del término narrativa, en general, se vio afectado de parte de la mala reputación que habían cobrado las narrativas doctrinarias. Paralelamente, sin embargo, diferentes formulaciones teóricas, especialmente algunas que formaban parte de la tradición posestructural o posmoderna (que no necesariamente son expresiones sinonímicas), ayudaron a reposicionar la noción de micronarrativa, como objeto de los estudios discursivos y hermenéuticos. Se recuperaban, así, los relatos cotidianos, las conversaciones y también las narrativas mediatizadas. Esta recuperación de la micronarrativa “se aproxima a la lógica del cuento” (Zavala Alvarado, 2007, p. 53).

Probablemente, esta revivificación conceptual tenga mucho que ver con el auge de las interfaces interactivas y las nuevas experiencias de usuario de los medios digitales, algunas de ellas colaborativas, así como con la relevancia que ha cobrado como problema de investigación la “gramática de la interacción” (Scolari, 2004). Podríamos incluso ver el diseño de interfaces como un relato en si mismo.

Otra definición de Fabbri nos ofrece argumentos en refuerzo de esta tesis:

Dicho de otra forma, la narratividad es, radicalmente, un acto de configuración del sentido variable de acciones y pasiones; acciones y pasiones que pueden estar organizadas desde el punto de vista de la forma de su contenido, es decir, de su semántica, y pueden ser manifestadas por una forma expresiva distinta (verbal, gestual, musical, etc.) (Fabbri, 2000, p. 58).

Ahora bien, el tipo de narrativa que se construye a partir de soportes dinámicos y dialógicos, como lo son las interfaces digitales interactivas, es un relato marcado por unas características que lo distinguen respecto a los relatos producidos en y para los medios tradicionales (analógicos y lineales). Las primeras características diferenciales que podemos reconocer son el uso del hipertexto, el lenguaje multimedia y una intertextualidad ubicua, o “intertextualidad desenfrenada”, como le llama Scolari (2008, p. 228).

Este último elemento, la intertextualidad, se ha posicionado como rasgo propio de la cultura posindustrial:

La intertextualidad es la característica principal de la cultura contemporánea. Si todo producto cultural (un concierto, una mirada, una película, una novela, un acto amoroso, una conversación telefónica) puede ser considerado un texto, es decir, literalmente, como un tejido de elementos significativos que están relacionados entre sí, entonces todo producto cultural puede ser estudiado en términos de esas redes. Las reglas que determinan la naturaleza de este tejido son lo que llamamos intertextualidad (Zavala Alvarado, 2007, pp. 27-28).

Todos estos rasgos constituyen aplicaciones topológicas de aquel fenómeno que Jenkins (2006) denomina cultura de convergencia. Dicha convergencia, sin duda, también influye en el desarrollo y la utilización de la tecnología (que es, a fin de cuentas, un artefacto cultural), pero sobre todo deja su huella en el tipo de lenguaje mediático empleado a la hora de construir los relatos:

(…) la digitalización ha favorecido la convergencia de todo tipo de información en un único soporte. Imágenes, sonidos, palabras… todo puede ser reducido a una masa de ceros y unos. Un bit es un bit es un bit. En este marco tecnológico el producto cultural es diseñado para ofrecer un sistema integral a sus audiencias, un paquete textual que abarca todos los medios y lenguajes imaginables (largometraje, trailer, videojuego, serie televisiva, tipografía, diseño gráfico, música, etcétera) (Scolari, 2008, p. 100).

Algunas de las características señaladas por Scolari para describir las narrativas de la televisión (que es el “medio de masas por excelencia” (Scolari, 2008, p. 226) y el más característico del siglo XX, aunque en la actualidad se esté transformando profundamente para adaptarse a la nueva ecología de la comunicación) pueden aplicarse perfectamente a la explicación de las narrativas mediáticas en general (después de todo, todos los medios están convergiendo en los soportes multimedia y audiovisuales).

Por ejemplo, en casi todo tipo de soporte encontraremos trazas de una multiplicidad de programas narrativos (Scolari, 2008), que conforman una compleja trama, por medio de cruces de argumentos y personajes. Esto se relaciona a su vez con otras características narrativas: la aceleración y la ruptura de la secuencialidad.

Otro rasgo, que afecta tanto la estética como la sintaxis de la narrativa multimedia es la fragmentación, que puede aplicarse no sólo a la multipantalla de programas tanto informativos como de ficción, sino incluso a muchos medios escritos, que también van incorporando la multimedialidad del lenguaje.

Por último, debemos referirnos a la característica de extensión narrativa, que ha acabado convirtiéndose en el fundamento de un nuevo concepto: la narrativa transmedia. Este concepto implica que la construcción de los relatos ha dejado de restringirse a cada medio, lo traspasa, empleando diversas plataformas, y cada plataforma tiene su función. Cada plataforma emplea sus propias interfaces y modalidades de interacción, la cual se consigue por medio de relatos construidos modularmente, según el término explicado por Manovich (2005).

También los públicos han diversificado sus experiencias de uso y apropiación de los medios y las tecnologías. El cambio cultural que ha afectado a los públicos ha derivado en la formulación de nuevos conceptos, como el narrowcasting (Neumann, 2002) (en lugar de broadcasting), las estructuras narrativas expandidas, colaborativas y rizomáticas y el papel de los usuarios (en lugar de audiencias). Estos últimos encuentran en la convergencia de tecnologías y la divergencia de narrativas la caja de herramientas adecuada para convertirse -si lo desean- en prosumidores.

Y, ¿cómo se estudian las narrativas mediáticas? Originalmente, la teoría literaria ha ofrecido el principal instrumental metodológico. Pero, como explica Fabbri (2000), la narratividad puede perfectamente ser abordada desde una semiótica que no se entienda únicamente como estudio de los signos, sino como estudio de las formas de representación.


Referencias

Fabbri, P. (2000). El giro semiótico. Barcelona: Gedisa.

Jenkins, H. (2006). Convergence Culture. Nueva York: New York University.

Manovich, L. (2005). El lenguaje de los nuevos medios. Buenos Aires: Paidós.

Neumann, W. R. (2002). El futuro de la audiencia masiva. Santiago de Chile: Fondo de Cultura Económica.

Scolari, C. (2004). Hacer clic: Hacia una sociosemiótica de las interacciones digitales. Barcelona: Gedisa.

Scolari, C. (2008). Hipermediaciones: Elementos para una Teoría de la Comunicación Digital Interactiva. Barcelona: Gedisa.

Zavala Alvarado, L. (2007). Manual de análisis narrativo: literario, cinematografía, intertextual. México: Trillas.

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