Prensa de masas y “nuevos periodismos”

A partir del desarrollo del modelo de prensa popular, originado en Estados Unidos, se popularizó la forma de hablar de “nuevo periodismo” para referirse a unas narrativas informativas que utilizan el formato de la noticia y que se vuelven características de la prensa comercial y de masas. Poco a poco, de este formato -diferenciado del formato ensayístico del antiguo periodismo doctrinario- se fue derivando el género del reportaje. El uso tanto de la noticia como del reportaje se fue extendiendo al mismo tiempo que el modelo de la prensa popular extendía su influencia a otros entornos periodísticos, más allá de Norteamérica.

Pero ya hacia la segunda mitad del s. XX emergía en Estados Unidos una nueva narrativa periodística, que acabó recibiendo la denominación de nuevo periodismo. Se trata de un periodismo con profusión de elementos literarios, representado por el trabajo de Tom Wolfe o Guy Talese, por ejemplo. También se suele incluir en este estilo la “novela de no ficción” A sangre fría, de Truman Capote (1965). La filosofía de este nuevo-nuevo periodismo consistía en procurar, por medio de estrategias retóricas, estilísticas, gráficas y hasta el uso de onomatopeyas (como en The Last American Heroe is Junior Johnson, de Tom Wolfe, publicado en la revista Esquire en marzo de 1965), no sólo narrar acontecimientos, sino recrear el entorno de la historia y provocar evocaciones en los lectores. Otra característica era la personalización de las observaciones del reportero, como se puede ver en el perfil que Gay Talese dedicó a Frank Sinatra (Sinatra Has a ColdEsquire, abril de 1966).

El periodismo de inspiración literaria ha tenido fuerte arraigo en América Latina, pero en esta región se ha acostumbrado hablar de un “periodismo literario” o “periodismo narrativo” para referirse a una narrativa periodística que utiliza un género bien específico: la crónica.

Las peculiaridades de las narrativas periodísticas desarrolladas en América Latina se ven bien reflejadas en algunos de los textos compilados por D. Samper Pizano (2001) en el volumen Antología de grandes reportajes colombianos. En uno de los textos allí recogidos, la entrevista que realizó Eduardo Castillo a Luis Cano (“Una hora con Luis Cano”, en Samper Pizano 2001, pp. 39-46), se aprecia una cierta hibridación de géneros periodísticos, ya que el texto presenta elementos tanto de la entrevista como del reportaje e, incluso, parte de la estructura y el lenguaje característicos de la crónica narrativa. Otro texto interesante es el firmado por Gabriel García Márquez, el clásico “Caracas sin agua” (Samper Pizano 2001, pp. 99-110). La progresión narrativa del texto presenta la estructura característica de la crónica, pero también se hace evidente la hibridación de narrativas del periodismo y de la literatura, lo cual, por lo demás, es propio de la filosofía de su autor, que siempre ha defendido la afinidad entre periodismo y literatura; idea que se resume en su conocida sentencia acerca de que el trabajo de escritor -sea de ficción o no ficción- es el “mejor oficio del mundo”.

Estos ejemplos sirven como evidencias de que, aunque en el s. XX se impone un modelo de narrativa dominante, con base en los nuevos géneros impulsados por la prensa popular y comercial, también otras narrativas se desarrollan en paralelo, inspiradas en los géneros informativos, pero incorporando la interpretación personal y elementos de la narrativa literaria. Y esto ocurrió tanto en la cuna del periodismo comercial e informativo, Estados Unidos, como en otros ámbitos. En América Latina la influencia literaria ha tenido una expresión particular, originando un género característico, como es la crónica narrativa.

Otro legado del periodismo comercial y popular se refiere al cambio en las rutinas de trabajo de los periodistas, con el inicio del reporterismo de calle. También en el terreno de las rutinas podemos ver que otras prácticas han ido en paralelo a la tendencia dominante. El periodismo de investigación y los periodismos especializados se sustentan en las prácticas del reporterismo y a la vez modifican sus rutinas de trabajo. También en este plano encontramos formas de hacer periodismo que van en contra de la tendencia central, como el periodismo gonzo, impulsado principalmente por el periodista norteamericano Hunter Thompson. Hace un tiempo, un grupo de estudiantes de la asignatura de Historia del Periodismo publicó un blog dedicado al periodismo gonzo.

La consolidación de diversas formas de periodismo gráfico, empezando por el fotoperiodismo, cambió también la lógica de producción y el estilo narrativo de la prensa comercial, dando relevancia a la idea de instantaneidad y a la prueba de la autenticidad del relato. Vimos en su momento cómo el periodismo radial también había aprendido a dar valor a la inmediatez de la información periodística. La búsqueda de la inmediatez se potencia con el desarrollo, ya desde la década de 1960 -es decir, a partir de la consolidación del medio televisivo- del llamado “periodismo empotrado” o “periodismo embebido” (traducción de embeded journalism). Un hito en este sentido lo constituyó la entrevista televisada Frost-Nixon:

En conclusión, aunque las narrativas y las prácticas profesionales propias del periodismo de masas se imponen a lo largo del s. XX como modelo dominante, nunca dejaron de manifestarse ciertos modelos alternativos.

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