Periodismo de masas y audiencias de consumidores

Los gérmenes del proceso de masificación de la prensa los podemos localizar en el contexto de las transformaciones sociales y comunicativas del s. XIX. Dichas transformaciones afectaron a la estructura social (cambios en la estructura de clases y fenómenos de movilidad social), las formas del trabajo, las ciudades y el urbanismo, los regímenes de gobierno, el estatuto de ciudadanía, los mercados de bienes físicos, financieros y de la prensa, las tecnologías, las empresas comunicativas, los formatos periodísticos… y así podríamos seguir enumerando un sinfín de fenómenos sociales más. Estamos hablando de transformaciones que afectaron principalmente a Europa continental y Gran Bretaña, además de Estados Unidos. La situación en América Latina no dista tanto de esos fenómenos, con la particularidad de que la segunda mitad del siglo de referencia significó para esta región la necesidad de reforzar sus procesos de institucionalización política y social, puesto que la mayor parte de la región venía saliendo de las guerras de independencia y reconquista vividos en la primera mitad del siglo. Lo cual, en todo caso, no debe entenderse como sinónimo de atraso en la incorporación de los cambios, sino que la introducción de nuevas tecnologías, formatos y géneros se contempló muchas veces como parte de una política pública de modernización, a diferencia de la lógica de mercado que prevalecía, por ejemplo, en los Estados Unidos. Otro aspecto que hace esta región particular es que, después de conseguida la independencia, se vio incluida en las zonas de influencia de las respectivas potencias que anteriormente habían ejercido sobre ellas el colonialismo.

En el s. XIX surgen nuevos públicos: la prensa popular apela al “ciudadano común”, la clase obrera empieza a ser considerada público de los medios.

Surgen también nuevos lenguajes y formatos. La prensa ilustrada desarrolla una eficaz estrategia de acceso a los públicos populares. El periodismo se plantea contar historias con algo más que palabras, ya se trate de dibujos, gráficos, tablas, historietas, etc. Como ejemplos de esto podemos mostrar la tabla publicada por The Manchester Guardian, de Londres, el 5 de mayo de 1821 o, aunque se trate ya del s. XX, el rudimento de infografía que publicaba ABC, de Madrid, el 20 de abril de 1912.

Pero las transformaciones del lenguaje periodístico incluyen también la aparición en escena del sensacionalismo. Se considera precursor del estilo a G. Bennett, editor de The New York Herald (1836), quien publicó la primera entrevista dialogada de la historia, con el explícito título de  “El asesinato más atroz”. J. Pulitzer (1847-1911) y W.R. Hearst (1863-1951) inician la prensa amarilla, aunque sus respectivos discursos defienden que la agenda periodística debe responder siempre a los intereses del ciudadano. La narración de hechos quiere sustituir a la doctrina.

Asimismo, el siglo XIX presencia la aparición de una nueva cultura periodístico-empresarial, caracterizada en gran parte por la concentración de medios. Esa fue la estrategia de negocios seguida tanto por Pulitzer como por Hearst. Pero el nuevo modelo de empresa que verdaderamente caracteriza esta época está representado en las agencias de noticias.

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